Por Carlos Avanzó
«A un sonámbulo y a todos / les diría que no busquen / mi alma / en la solapa de estos libros».
Así dice Boris Rozas en su última entrega poética, Wes Borland aprende a tocar de oído. Un libro en cuya solapa se reconoce la «extensa trayectoria» del escritor y se recuerda que este poemario ha sido reconocido con el VI Premio Internacional de Poesía Juan Ramón Jiménez Coral Gables.
Un volumen bellamente editado que replica, en diseño y estilo, aquella edición de los Romances de Coral Gables que Juan Ramón publicó en 1948.
Más allá de las solapas, del estilo gráfico o del homenaje a Juan Ramón,
Wes Borland aprende a tocar de oído es una nueva incursión en ese universo urbano, desabrido y nostálgico que envuelve la poesía última de Boris Rozas, patente en otros títulos como Lugares a los que volver con el buen tiempo o Annie Hall ya no vive aquí.
En ellos, la cultura (cinematográfica, literaria, musical) norteamericana se funde en el mirar del poeta con sus experiencias de cada día… en el sur europeo donde vive.
Ese espacio propio permite que en un poema diga:
«Las ciudades están llenas de locos / con revólveres de espuma / apuntándose a la boca»
como si estuviera caminando por Nueva York, y en otro asegure:
«el cielo del poema no se atisba / cuando rebosa la tarde»
como si Paterson, el protagonista de la película de Jim Jarmusch, condujera su autobús por los horizontes infinitos de Tierra de Campos.
La sensación permanente de ser un voyeur, un cazador de sensaciones, ajeno y al mismo tiempo implicado en cuanto ocurre a su alrededor. Y siempre un invitado, un extranjero incluso para sí mismo. Un extranjero dentro de su propia vida.
Como Wes Borland, el músico que se asoma al título de su libro, condenado permanentemente a tocar de oído.
Publicado el 19 de abril del 2026 en El Norte de Castilla.